1 nov 2007

INDECISIÓN

Me llena de incertidumbre,
me agobia la indecisión
cuando pienso en los problemas
y no encuentro solución.
Pienso. ¿ Y si hiciera esto ?
No, no... Eso no estaría bien.
¿ Quizá si hiciera eso otro ?
¿ Sería la solución ?
Trato de encontrar salida
a todos estos problemas
que se agolpan en mi mente
y me hunden en la desesperación.
Quisiera tener la mente clara
y tomar la decisión más acertada,
que me convenza con razón
de que hago lo correcto.
Hacer frente a los problemas
con seguridad y entereza,
seguro que lo más justo es
lo que manda mi cabeza.
Despejar todas las dudas
que bailan en mi cerebro.
Sentirme fuerte, seguro,
lleno de convicción.
Quisiera tener por siempre
esa gran satisfacción...
Septiembre del 2007

PREOCUPACIÓN

Cada día mis dolencias
me convierten más uraño.
Quizá por ese motivo
estoy causando gran daño
a mis seres queridos.
Intento disimularlo,
trato de ser más humano,
pasar desapercibido.
Y no consigo lograrlo.
Esto me preocupa, y mucho,
no dominar mi razón,
no coordinar mis ideas,
explotar sin ton ni son
por los motivos más tontos.
Armo una sin razón,
y aunque trate de evitarlo
por no sentirme culpable,
es una lucha constante
que no tiene solución.
Y no encuentro la manera
de salir del pozo ciego
en el cual me estoy hundiendo
sin remedio y con razón.
No me extrañaría nada
que con tanta preocupación
el día menos pensado
reviente mi corazón,
encuentre la paz deseada
y sea mi liberación.
Septiembre del 2007

MAR BRAVÍA, MALA MAR

Un mal día se me ocurrió
aercarme al espigón
que se adentraba en el mar.
Se esperaba una tormenta,
y la quise contemplar.
Y con gran precaución
me coloqué detrás
del muro de contención.
No tardaron en cruzar
lenguas de fuego los cielos,
seguidas de un gran concierto
de escalofriantes truenos.
¡ Abrieron sus vientres las nubes !
¡ Arrojaron a raudales,
enormes cantidades de agua
con un viento huracanado
que arrasaba lo que encontraba !
Olas de más de seis metros
cubrían el espigón
reventando con gran fuerza
en los muros de contención.
Las olas iban creciendo
en fuerza y mayor altura.
Me quedé paralizado
viendo como sin conciencia
esta mar embrabecida
levantaba grandes rocas,
y convertía en astillas
todas las embarcaciones
ancladas en la bahía,
esparciendo sus despojos
por la castigada orilla.
¡ Me entró el pánico !
Maldecí mi ocurriencia
de querer contemplar
la inmensa fuerza del mar.
Me quedé quieto, aturdido,
sin saber reaccionar.
Alguien me cogió del hombro.
Cuando más perdido estaba,
empezó a tirar de mí.
Llevaba una cuerda atada.
Cuando llegamos al faro,
el hombre se puso a decir:
"¿ Qué te pasa, estás loco ?
¿Qué puñetas haces aquí
en una tormenta así?
¿ Es que no la viste venir ?
Si no te llego a ver desde el faro,
hubieras podido morir.
¡ Y por salir a por ti
casi me arrastras a mí ! "
¡ Perdóneme, buen hombre !
Fue una imprudencia mía.
Le estoy muy agradecido,
y así será mientras viva.
Desde entonces yo le tengo
gran respeto y miedo al mar,
y no creo que se altere
por mi presencia... Jamás...
Xilxes, Julio del 2007.

CIELO Y MAR

Siempre quise pasear
por cubierta en un velero
para contemplar el mar
y el hermoso azul del Cielo,
ver las gaviotas volar
en círculos sobre mí
y contemplar la destreza
que tienen cuando se lanzan
con velocidad endiablada
hundiendose entre las olas
para pescar a su presa.
Después sacan la cabeza
se remontan hacia el cielo
llevando entre su pico
la tan codiciada presa
que va a servir de alimento
y calmar su apetito.
¡Lo hacen una y mil veces!
Yo no me explico el motivo.
No creo que sea tan voraz
ni tan grande su apetito.
¿Lo harán para ejercitarse?
¿O quizá por instinto?
cuando sus estomagos llenos
no admitan un pececito.
Lo cierto es que me deleito
contemplando lo que hacen,
no me canso de seguir
con la vista a dichas aves
cuando siguen sin dejar
de volar sobre la nave.
Después me pongo a pensar
¡cuan inmenso es el mar!
Se pierde en el horizonte
y yo no logro alcanzar
con la vista su final.
Después miro hacia el cielo
embriagándome su azul
y lo contemplo extasiado.
¡Qué enorme tiene que ser,
qué grandeza, qué belleza!
No acierto ni a imaginarlo.
¿Pensar que estas maravillas
puedan llegar algún día
a un deterioro tan grande
que peligre su existencia?
¡Esto es una aberración!
No concibo esta injusticia,
que por culpa de unos cuantos
que les ciega la ambición
la fama y la codicia
tengamos que pagarlo tantos.
¡Concienciémonos de una vez!
Seamos seres racionales,
cuidemos las maravillas
que Dios nos ha otorgado.
¡Disfrutemos de ese mar,
disfrutemos de ese cielo!
Cuidémoslos con amor,
como a dos niños pequeños.
Ojalá que así sea
y no estemos viviendo un sueño.
Defendamos con presteza
los bienes que Dios nos dió.
Defendamos la belleza
de nuestra Naturaleza.
Vlcia. 5/3/07