19 dic 2007

UNA CENA PRODUCTIVA

Personajes: Pepi, mi mujer; Olga, mi hija; Jorge, mi hijo; Bea, su novia y yo.
Una noche en una cena,
una cena familiar,
por una simple tontería
casi terminamos mal.
¡Que si crecen hacia arriba!
¡Que si crecen hacia abajo!
¡Trae una enciclopedia!
Miramos: "Aquí no está!
¿Como podríamos saberlo?
Preguntándole a un frutero.
¡Si son las diez de la noche!
¿Donde vas a preguntar?
No digas más tonterías.
Éramos cinco en la mesa:
mi mujer, mi hija,
la novia de mi hijo,
mi hijo y yo.
Fué subiendo de tono
la discusión emprendida,
todos teníamos la creencia,
teníamos la convicción,
de que lo que defendíamos
lo hacíamos con razón.
A alguien se le ocurrió
de jugarnos una cena.
Las mujeres se emperraron
que apuntaban hacia el suelo
los plátanos al crecer,
pues de ese tema se trataba,
mi hijo y yo lo contrario,
que apuntaban hacia el cielo,
hasta el plátano canario.
Mi mujer: ¡pero míralo!
si se le hichan las venas
por una simple discusión,
y sin saber si es de razón.
Olga: ésta discusión sobra,
por defender algo
que creo tener razón.
Bea: pues mira si estoy segura
que nos jugamos una cena
en un sitio que sea caro,
y así escarmentáis los dos.
Jorge: papá, ¿estás seguro?
-Que sí hijo, que sí.
Cuando estuve en Canarias
me llamó mucho la atención
ver como crecían los plátanos
con las puntas hacia el cielo,
y no hacia el suelo, como creía yo.
-Siendo así estoy contigo,
pero no sé, no sé, con reparos,
pero sabes que te digo,
¡que papá, estoy contigo!
Y aquí terminó la discusión
de una cena movidita,
prevaleció la razón.
Lo vieron por internet,
se vieron las de perder
y me da a mí en la nariz,
que aún ganando los hombres,
llevamos las de perder.
Proverbio mío:
"No se debe defender
una cosa que no es cierta
pues se te irá de las manos
como el agua en una cesta"
Vlc. 11/03/07

UN MATRIMONIO PRECOZ

Me desagrada pensar
en una época de mi vida
que todo me sonreía
y la tuve que fastidiar,
conociendo a una persona
que me amargó la existencia,
por no tener experiencia,
viendo que hacía cosas
que no eran apropiadas
por lo tanto de su edad.
Tenía mente infantil,
al mismo tiempo tortuosa.
Yo creí que era normal
y casi siempre la excusaba.
Pasó que al cabo del tiempo,
decidimos nuestra unión.
¡Maldita sea la hora!
en que este hecho ocurrió.
Qué pocos días felices
pude contar desde entonces,
cuantas veces maldije
esta lamentable unión,
a fuerza de discusiones,
mal instinto y mala uva
(porque no fué otra cosa),
lo que a los dos nos sobraba.
Aún así tuvimos hijos,
cuatro por decir verdad,
y ni siquiera estos eventos
nos dieron estabilidad.
No pasaba un sólo día
que no hubiera discusión,
diciendo cosas tan feas
que nos sacaban de quicio
y no tenían perdón,
hiriendonos mutuamente
con frases tan repelentes,
capaces de sonrojar
a todo bicho viviente.
Un día y otro día así,
no se podía aguantar,
no podía ni dormir,
daba saltos en la cama,
y se apoderó de mí
un desasosiego enorme
que no pude digerir.
Yo no me eximo de culpa,
tampoco fuí un angelito,
acumulé gran tensión
y hasta llegué a odiar
a quien mi cama compartía.
Pasé fases de nervios,
desaliento, rabia e ira,
hasta feos pensamientos
por lo que estaba ocurriendo,
hasta opté por marcharme
a otra habitación;
y hasta allí venía la señora
a soltarme los insultos
correspondientes a esa hora.
Pido perdón a mis hijos,
sobre todo al mayor,
por no saber hacer las cosas
y haber obrado mejor.
Con tan mala sangre dentro
no pensé con claridad,
lo único que quería
era con todo acabar.
Pasamos por un infierno
arrastrando a nuestros hijos,
que los pobres no tenían culpa
de lo que habíamos armado.
¡Casi fue una desbandada!
cada uno por su lado,
todos tuvieron que sufrir
por lo que se veía venir.
Puede darse por contenta,
por feliz y satisfecha.
Si lo que buscaba era herirme,
lo consiguió con largueza.
Me agobió de tal manera,
me creó tal desconcierto,
tantas dudas en mi mente,
que ya no supe quién era.
Que Dios nos perdone
y no nos lo tenga en cuenta,
pues todo esto ha pasado
y el futuro es lo que cuenta.
Siempre llevaré en mi interior
el pesar de que a mis hijos
no les sirviera mejor.
Vlc. 9/3/07