1 ene 2008

MI PERRO

Era una hermosa tarde otoñal. Iba hacia el lago con mi perro y la escopeta. Ella estaba allí. No la pude ver pero la presentía. Ví algo en el fino viento que mecía las espigas del ya maduro trigo, había algo mil veces sentido en mi inconsciente soñador, pero esta vez era diferente, era algo que no sabría describir, algo que el suave viento del atardecer, ese viento que se desliza suavemente entre las ramas de los árboles, que parece susurrar cuando se acerca el ocaso y con él los últimos rayos del sol, y en el frescor de la noche se acentúan los perfumes del tomillo, la marialuisa, el romero... esos perfumes que te embriagan los sentidos, que te llenan de paz y bienestar y crees que algo sublime va a pasar, y sucedió:
¡Qué inmensa sensación! No sé que pensé en esos momentos, quedé como aturdido, como no dando crédito a lo que estaba viendo. La ví como en un sueño emerger del hermoso lago, como una aparición majestuosa, envuelta entre finos y blancos velos mecidos por la suave brisa. El sol poniente recortaba su silueta sobre las ambarinas aguas del lago, dandole una aureola de algo sobrenatural. ¡Dios, qué hermosa es!. Gracias, Señor, por dejarme contemplar tanta belleza. Se acercó como flotando entre los sauces y encinas que bordeaban el lago, con pasos elásticos como una gacela, con una sonrisa tan graciosamente sugestiva... como invitandome a que saliera a su encuentro. Instintivamente, salí hacia ella con los brazos abiertos, sorteando los robustos robles. Podía verla, casi tocarla. Oía su jadear al correr hacia mí. Se me hicieron interminables esos momentos. Me dolían las sienes y se me agolpaba la sangre en el corazón. Por fin llegué donde ella estaba, con los brazos extendidos entrelacé su cintura,y... abracé el vacío. Era una imagen impalpable, algo que había creado mi enfebrecida y aturdida mente. Me llevé torpemente mis manos a la frente. ¡Dios mío, como me duele! ¿Qué es esto? ¡Estoy sangrando! Y entonces empecé a recordar.Pero ¿y mi perro?¿donde estaba? Venía con gente, venía a ayudarme. ¡Maldita piedra! Tropecé con ella y se me disparó la escopeta y en el desvanecimiento un hermoso sueño se apoderó de mí. Pensé: ¡Qué buen perro tengo! Entorné los ojos. ¡Oh, Dios, quiero soñar otra vez! ¡Qué buen perro tengo!
12/01/07